30-8-14  |  Voluntariado

Meylin: La princesita de las montañas

POR: Gemma Campos

Gemma Campos hizo un voluntariado con Fabretto en agosto 2014. Aquí comparte su experiencia en un preescolar comunitario en una de las comunidades más lejanas que Fabretto apoya.

 

Martes 5 agosto, Aguascalientes.

 

 

Al principio no acabo de entender por qué Eudyn se ríe cuando le propongo “Hoy podría llevar yo la moto!”. Pero después de una hora por un camino pedregoso, empinado, bajadas de vértigo y curvas cerradas comprendo su respuesta a mi entusiasmada propuesta.

 

Hemos llegado a Aguascalientes, una de las comunidades más alejadas y de difícil acceso de la zona. Allí, la escuela de preescolar, ‘Bellas Aguas’ es la propia casa de la maestra Marcia, que lleva siete años educando a los niños y dándoles muchísimo cariño. Fabretto apoya esta escuela con materiales escolares y tambien con comida para los almuerzos que sirven aquí. También apoya a Marcia con capacitaciónes y acceso a desarollo profesional. 

 

 

En este aula improvisada se juntan niños de los tres niveles de preescolar, que comparten sus clases con el entorno natural que les rodea. Mientras Marcia y los niños cantan, un gallo y unas gallinas se pasean entre las sillitas. Mientras una madre, de manera voluntaria viene a darles el almuerzo, un caballo se asoma curioso por la ventana. Durante el recreo, los niños juegan en el riachuelo que hay justo delante de la casa, a escasos metros, tres vacas enormes están pastando.

 

Cuando me reciben, veo en sus rostros, caras asustadas. “No están acostumbrados a tener visitas”, me dice Marcia.

 

Meylin es una niña risueña de cinco añitos. Al principio estaba muy tímida conmigo, y aunque a veces parece que quiere acercarse y decirme algo, después se aleja y esconde su bonita sonrisa tras sus manos. Asiste a la escuela desde que tenía tres años y ahora ya está completando el segundo nivel. Sabe contar hasta 10 y le gusta mucho cantar y jugar con sus amigos. 

 

 

Meylin vive con su madre, su hermana Carina (11 años), su hermano Ervin (16 años) y su primo huérfano Nolby (10 años). Su casa está muy apartada de las comunidades, más allá del río, atravesando el monte. A pesar de ello, Meylin llega andando a la escuela, cruzando montañas durante unos 5 kms. Más de una hora de camino.

 

Normalmente va acompañada de alguno de sus hermanos o de su primo. En otras ocasiones, hace parte del recorrido sola y la recogen a mitad del camino. Este año, que hay sequía, ha podido venir todos los días a la escuela, pero cuando llegan las lluvias hay días que no consigue cruzar el río.

 

 

Cuando terminan las clases, acompañamos a Meylin hasta una casa cercana, donde le tiene que recoger su primo Nolby. Al llegar allí, no hay nadie esperándola y cuando nos vamos a despedir de ella, está sentada jugando en el suelo. Al fijarme bien, noto que Meylin está triste y medio llorando. Le pregunto si prefiere que la acompañemos hasta su casa. Se le ilumina de nuevo la cara, sonríe y asiente con la cabeza. No hay duda, vamos a acompañarla en su aventura de cada día: ir a la escuela.

 

Empezamos a andar atravesando el bosque por senderos estrechos y empinados, cubiertos de hojas secas. Saltamos piedras, pasamos por debajo de ramas de arboles caídos. De pronto llegamos a la orilla del río, donde apenas fluye un poco de agua. La orilla está llena de montones de piedras, grandes y pequeñas. Meylin sube y baja por ellas, trepa por las grandes y salta de una a otra. Conoce muy bien el camino y de vez en cuando se gira para asegurarse que sus invitados la seguimos acompañando. Está feliz de enseñarnos su camino, de no hacerlo sola.

 

Después de más de media hora, caminando bajo un sol de justicia, vemos a lo lejos una mula que se acerca. Se trata de Nolby, que recoge a Meylin para acabar de acompañarla hasta su casa. Aquí nos despedimos de ella, de la princesita de las montañas, la niña de cinco años que sin ninguna pretensión nos da una lección de esfuerzo y nos enseña el verdadero significado de superar retos en el nombre de la educación.

 

Gracias a los programas de Fabretto, niños y niñas como Meylin pueden tener acceso a educación y recibir un almuerzo diario, que muchas veces es el único alimento nutritivo del día. Si desease apoyar a niños y niñas como Meylin, puedes hacerlo con menos de 1€ al día. Haz un donativo o entérate de otras formas de involucrarte — Tú puedes marcar una gran diferencia en las vidas de estudiantes de las comunidades rurales.

 

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