13-11-14  |  Testimonios

Las gemelas y el doble impacto de los almuerzos escolares

POR: Elena Laswick

“Almuerzos escolares les proveen a mis hijas una variedad y cantidad de comida que no recibirían sin el apoyo de Fabretto.”

-Antonia, Madre

 

 

María José (izquierda) y María Fernanda (derecha) en la escuela Fabretto, La Cruz, Estelí

 

María José y María Fernanda son gemelas de nueve años. Ambas viven en la comunidad de La Cruz en Estelí, y cursan el segundo grado de primaria. La Cruz es mejor conocido como ¨la chureca¨ de Estelí, haciendo referencia a uno de los vertederos más grandes de Centro America, ubicado en Managua.  La mayoría de los habitantes de La Cruz viven en pequeñas casas de cartón, láminas de zync o plástico. En esta comunidad no hay acceso a agua corriente y muy pocas viviendas cuentan con letrina. 

 

María Fernanda afuera de su casa en La Cruz

 

María José y María Fernanda se han beneficiado de almuerzos escolares desde antes que hubiese una escuela en su comunidad. En esos tiempos, Fabretto llevaba los almuerzos a la comunidad y se servían al aire libre. Esa sería la única comida del día para muchos niños que la recibieron, incluyendo las gemelas. 

 

Uno de los efectos secundarios más comunes de la desnutrición es un bajo rendimiento en la escuela; los estudiantes aprenden a un ritmo más lento y les cuesta prestar atención o recordar la lección. La madre de las gemelas, Antonia, dice que ha visto un cambio en el rendimiento de sus hijas: “Han mejorado bastante ahora que están comiendo más…no podían leer cuando entraron a la escuela en el 2011, pero ahora sí pueden¨.

 

        

                                      María Fernanda                          María José

 

Gracias a la presencia de Fabretto en la comunidad de La Cruz, y a nuestros grupos y voluntarios que han echado una mano, la escuela de María José y María Fernanda ahora cuenta con un comedor y un huerto. Hoy en día los estudiantes tienen acceso a almuerzos diarios con una variedad de frutas y verduras frescas, preparados por madres voluntarias. El almuerzo es fortificado con arroz con soya, frijoles, tortillas, jugo y a veces incluso queso o carne. Antonia es una de las madres que dona su tiempo para cocinar en la escuela de sus hijas. Ella comenta que los almuerzos escolares les ofrecen a sus hijas una variedad y cantidad de comida que no recibirían sin el apoyo de Fabretto. 

 

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