5-12-16  |  Testimonios

Historia compartida por nuestra voluntaria Emma Varona

POR: Admin

Desde Accenture, como parte de la Fundación Accenture, me dieron la oportunidad de colaborar durante las vacaciones en su programa de Voluntariado Internacional, facilitándome los trámites y asegurándose que la colaboración a realizar fuese la más acorde a mis intereses y capacidades. De entre varios proyectos que nos presentaron, elegí el que presentaba la Fundación Fabretto en Nicaragua, solicitaban: Educadores en arte con dotes creativas y buena mano con los niños. Yo soy informática, es decir, nada que ver con las tareas que en principio requerían, pero pensé que ¡por fin! mis estudios musicales podrían servir para colaborar en un proyecto que lo necesitaba.

Ya había participado anteriormente, únicamente de manera puntual, en ONGs a nivel local y no tenía de antemano una idea clara de qué podría encontrar una vez que llegase a Nicaragua. Yo sabía que no iba a cambiar el mundo, pero no podía evitar intentar siquiera tener un pequeño impacto en la vida de esos niños. Mi destino fue Ocotal, un pueblito del norte de Nicaragua, casi en la frontera con Honduras, allí, la Fundación Fabretto, entre otros proyectos, imparte clases de apoyo extra-escolar a niños desde preescolar hasta 6º grado. Tras mi llegada al centro, elaboramos mi plan de trabajo y me integraron en el equipo y en sus rutinas diarias, lo que fue fantástico para sentir y conseguir que mi colaboración fuese útil y la más adecuada a sus necesidades durante mi estancia.

Aportando mis conocimientos de música y parte del material que pude llevar desde Madrid, mi tarea fue colaborar con el equipo de apoyo extraescolar, “Profe, ¿nos va a enseñar a tocar música con las flautas?” Durante apenas 2 semanas que duró mi voluntariado, ésta fue una de las frases que más escuché, acompañadas de sus caras de expectación por coger entre sus manos las flautas y hacerlas sonar…me convertí por unos días en su ‘profe de musica’. Además, cada día planeábamos nuevos modos de incentivarles y tener a los muchachos interesados por aprender. Para ello, hicimos talleres de papiroflexia, de pulseras de hilo, sesiones de cuentacuentos y cantamos muchísimo, ¡rescaté de la memoria aquellas canciones que nos enseñaban de pequeños!. Lo más gratificante era ver su interés por aprender cosas nuevas, su deseo de conocer y su agradecimiento por el tiempo que pasaba con ellos y también dicho sea de paso, su enorme talento y constancia. Son niños y niñas muy alegres con ganas de jugar y aprender que no paran de cogerte la mano, abrazarte o directamente, pasados unos días, de subirse encima.

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Me invitaron también a conocer de primera mano otras comunidades cercanas más desfavorecidas, donde Fabretto realiza un excelente trabajo con los niños para inculcarles valores referentes a la salud, el estudio y el servicio a la comunidad. Además de la motivación a los padres de familia, con quienes también se trabaja la formación, en ocasiones se les apoya con proyectos puntuales como la donación de semillas o instalación de placas solares para que puedan mejorar sus condiciones de vida y sirvan de ejemplo y apoyo a toda la comunidad.

Tuve la inmensa suerte de vivir con una familia durante mi estancia en Ocotal, me dieron la bienvenida a su familia y su comunidad y me trataron desde el primer momento como una más, dándome muchísimo cariño y haciéndome participe de su forma de vivir, de sus actividades y rutinas diarias. Pude ver la realidad del país y cómo sobrellevan las dificultades con grandes dosis de optimismo y con un gran sentido de comunidad, dando y recibiendo el apoyo de amigos, vecinos y familiares. El respeto hacia los mayores y la educación y el estudio son los valores que primaban en aquella familia, de la que ya me considero parte.

Mi experiencia de voluntariado con Fabretto ha sobrepasado mis expectativas y me he encontrado con un grupo humano increíble, todos los colaboradores, con su directora al frente se encargan de cuidar, dar cariño y valores a niños y niñas a los que atienden. Cuando la gente me pregunta “qué tal, cuéntanos que hiciste allí” una avalancha de imágenes, ideas y sentimientos me vienen a la cabeza y no sé por donde empezar, así que sería más fácil recomendar que vivan una experiencia parecida, que vayan a algún lugar a colaborar como voluntarios y se dejen conquistar por las peculiaridades de una cultura y forma de vivir distinta.

Desde mi estancia allí, me cuesta acostumbrarme a preocuparme por las cosas materiales. Noto más la falta de valores de nuestra sociedad y lo importante que es apreciar y valorar la inmensa suerte que tengo por contar con tantas oportunidades de viajar, conocer y aprender.

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