1-10-18  |  Historias de Éxito

Algo tan sencillo como enseñar a los niños a sostener un lápiz

POR: Maria Isabel Sacasa

Un camino peligroso y pedregoso nos lleva a la pequeña comunidad de Apanaje, ubicada a una hora del Centro Educativo de Fabretto en Las Sabanas, en las montañas del norte de Nicaragua. Aunque llegamos temprano en la mañana, el intenso sol tropical ya se refleja fuertemente en el camino de tierra casi blanca donde nos estacionamos. Cuando miramos hacia la Escuela Apanaje unos metros más abajo, nos asombra la vasta y sorprendente vista de las montañas y el valle de abajo. Estamos aquí para reunirnos con Yolanda, la maestra de preescolar de esta escuela, y sus alumnos.

Avanzamos por un sendero de tierra, empinado y resbaladizo, rodeados de ganado y unas cuantas casas humildes. Los niños empiezan a correr afuera, curiosos de ver a unos visitantes cargando una cámara grande y equipo de aspecto extraño. Cuando llegamos a la escuela, nos recibe una mujer pequeña, de ojos brillantes, con una sonrisa radiante. Esta es Yolanda, la maestra de 27 años que por 2 años había estado enseñando preescolar en los hogares de los miembros de la comunidad, pero ahora, como gran mejora, se ha mudado al pasillo de la Escuela Apanaje.

Debido a la falta de espacio y recursos, el Ministerio de Educación (MINED) aún no ha abierto un puesto de enseñanza de preescolar formal en Apanaje. Más bien, se les pide a los educadores comunitarios como Yolanda que enseñen como voluntarios, ganando un estipendio equivalente a sólo una fracción del salario mínimo para maestros del MINED. La pequeña escuela de Apanaje cuenta con dos aulas multigrado para primer a sexto grado, y carece de espacio para la clase de preescolar. Sin embargo, esto no ha detenido a Yolanda y sus pequeños alumnos. Llueva o truene, los niños y su valiente maestra tienen clase en el pasillo o en el patio de esta institución.

Yolanda siempre había querido ser maestra, así que apenas terminó la escuela secundaria, se matriculó en una universidad en Estelí, donde se graduó con un título de docente en el 2010. Ella ha enseñado durante siete años, los últimos dos en Apanaje. Durante los últimos 4 años, ella ha participado en los talleres de capacitación de maestros de Fabretto. Cuando le preguntamos cuál taller le ha gustado más, ella exclama: “¡Todos!”

Los talleres de capacitación de docentes de Fabretto se centran en metodologías, como Montessori y Enseñanza Abierta, en las que se alienta a los niños a ser los protagonistas de su propio aprendizaje y a los docentes que estén presentes en un rol de apoyo. Estas metodologías son especialmente importantes en la educación temprana, donde a los jóvenes estudiantes se les permite aprender al experimentar el mundo que les rodea de primera mano. Debido a que algunas de las herramientas de clase que se usan tradicionalmente en Montessori pueden ser costosas, a los maestros se les enseña cómo fabricarlas ellos mismos, utilizando materiales reciclados de fácil acceso.

Yolanda nos dice que estas metodologías han tenido un gran impacto en la forma en que enseña. Por ejemplo, un maestro tradicional podría enseñar sobre la anatomía humana simplemente señalando a las partes del cuerpo en un afiche. En su clase, para dinamizar la lección, Yolanda ha fabricado un rompecabezas del cuerpo humano, que luego los niños ensamblan mientras nombran cada parte del cuerpo. Estas actividades ayudan a desarrollar las habilidades cognitivas y psicomotrices de los niños, al mismo tiempo que fomentan la independencia.

La enseñanza ha sido una experiencia verdaderamente gratificante para Yolanda. Cuando se le preguntó por qué eligió la educación temprana, afirma: “Puedo enseñar tanto a estos pequeños, pero ellos  también me enseñan a mí. La forma en que pasan por la vida con tanto optimismo, me motiva a seguir siendo maestra”. Además de la alegría que siente a diario en el “aula”, a Yolanda le encanta ver cómo algunos de los alumnos a los que les enseñó en preescolar hace muchos años, han tenido éxito en primaria y secundaria. “Me siento tan orgullosa de ver los frutos de mi trabajo. Cuando veo a mis alumnos avanzar en la escuela, puedo decir con orgullo que tuve algo que ver con su éxito. Sé que con algo tan sencillo como enseñar a los niños a sostener un lápiz, estoy ayudándoles a avanzar en la vida”. Yolanda confía en que en unos años logrará ver a uno de sus alumnos graduarse de la universidad.

Yolanda es un ejemplo claro de cómo, incluso en un lugar tan remoto y carente de recursos como Apanaje, un maestro bien educado, sin duda puede ayudar a una comunidad a crecer.

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