3-5-19  |  Logros

Conoce a las mujeres detrás de los almuerzos escolares de Fabretto en Cusmapa

POR: Maria Isabel Sacasa

El almuerzo es el momento más activo del día en el centro educativo de Fabretto en Cusmapa. Los niños que participan en el turno de la mañana de los programas educativos del centro, terminan la mañana con un nutritivo almuerzo, mientras que casi simultáneamente, llegan los niños el turno de la tarde al comedor, para comenzar la tarde con la pancita llena. Para muchos de estos niños, esta es su única comida del día.

Mucho antes de que los niños comiencen a formar una fila afuera de la cocina, tres mujeres llegan al centro para empezar a preparar el almuerzo. Aunque el turno de la mañana comienza a las 8 para los niños, estas mujeres han estado aquí desde las 6 am. En la cocina se escucha el sonido de un cuchillo picando verduras sobre una tabla y se siente el olor de la comida recién hecha. Geovanina, quien está a cargo de la cocina, prepara el pollo. Ella ni siquiera necesita dar órdenes, ya que Araceli o “Chela” rápidamente comienza a cortar los vegetales mientras Julia prepara las ollas grandes antes de cocinar el pollo y el arroz. Claramente, este equipo de cocineras, sabe lo que está haciendo.

Chela comenzó a trabajar aquí como voluntaria hace 6 años, cuando un amiga la invitó a hacer el voluntariado con ella. Ella tiene dos hijos que se benefician del programa de enriquecimiento educativo de Fabretto en este centro. Le gusta ser voluntaria porque disfruta del ambiente alegre y la hermandad que naturalmente se ha desarrollado entre las cocineras, quienes trabajan en equipo todos los días. “¿Crees que aún estaría aquí si no disfrutara el trabajo?”, Dice Chela, riendo.

Los hijos de Julia ahora son adultos, pero alguna vez fueron beneficiarios de los programas educativos de Fabretto en este centro. Ella tiene una conexión de larga data con Fabretto porque conoció al Padre Fabretto durante su vida. “Le estoy eternamente agradecida porque me dio la parcela de terreno en la que construí mi casa”. Julia ha sido voluntaria durante los últimos dos años porque así se mantiene ocupada y también le gusta aprender nuevas recetas de Geovanina. Ella no tiene un ingreso estable, así que para agradecerle por su trabajo voluntario, el centro le proporciona una canasta de comida todas las semanas.

A medida que se acercan las 10 am, el ritmo comienza a repuntar. Los niños, nos cuentas las cocineras, pronto comenzarán a golpear sus cucharas contra las puertas cerradas de la cocina. Los niños tienen hambre, pero afortunadamente, el almuerzo está listo y las tres mujeres han empezado a servir los platos.

Los niños llegan con su maestra, primero pasan por la estación de lavado de manos, luego esperan impacientemente junto a la cocina para que les entreguen un plato. El almuerzo de hoy es su comida favorita del menú: pollo y verduras con arroz y frijoles. Lo que no saben es la cantidad de verduras que realmente hay en la salsa. Las cocineras, muy astutamente, han licuado las verduras tan finamente que son completamente irreconocibles. Los niños se comen alegremente las cebollas y los pimientos, verduras que en otras ocasiones habrían desechado, porque ¿a qué niño le gustan las verduras?

El último plato se sirve alrededor de la 1 pm. Después de limpiar y almorzar, Geovanina, Chela y Julia finalmente se van a las 2 pm. Están agotadas por un largo día, pero “el trabajo duro vale la pena para ver las caras sonrientes de los niños que esperan su comida”, nos dice Geovanina. Mañana es un nuevo día y estas heroínas sin capa estarán de vuelta aquí a las 6 am.

 

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