30-12-19  |  Nuestros Programas

Jorgito espera una escuela donde estudiar

POR: Diana Corrales

A 2 kilómetros del basurero municipal de Estelí, Nicaragua, en un terreno rocoso y árido, se encuentra la comunidad El Macuelizo. Allí viven Juanita y Jorgito de 8 y 5 años de edad, respectivamente. A pesar de los 3 años de diferencia entre ambos hermanos, al escuchar a Jorgito leer, pareciera que tuvieran la misma edad. A sus 5 años, Jorgito nunca ha asistido a una escuela preescolar, pero ya ha leído varios cuentos infantiles en la biblioteca de la escuela de Juanita. Allí, ambos hermanos han encontrado un lugar donde escapar de la pobreza y su dura realidad.


Sin un trabajo formal, los padres de Juanita y Jorgito tienen un ingreso menor a los US$2 al día. Por temporadas, se ganan la vida enrollando puros en una de las fábricas de tabaco más grandes de Estelí, pero usualmente se les puede encontrar en el basurero municipal, recogiendo chatarra para vender. Sin días de descanso, ambos padres salen de madrugada y regresan después del anochecer. La humilde vivienda de tablas y láminas de zinc de la familia pasa todo el día cerrada con una cadena, pero esto no impide a Jorgito ingresar al hogar. En un angosto espacio de 12 pulgadas, entre el suelo de tierra y la puerta improvisada, el niño se arrastra con habilidad hasta perderse en la oscuridad del interior de la vivienda.

 

Los días de semana, cuando Juanita va a la escuela, Jorgito la acompaña con gran entusiasmo. Sin un preescolar en su comunidad, por ahora, su hermana es como su maestra. Junto a su abuela Gladys, los niños caminan 40 minutos para llegar a la escuela primaria; durante el recorrido, Juanita le hace preguntas simples de matemáticas, a las cuales Jorgito responde sin fallar.

Si no fuera por la primaria del Centro Educativo Fabretto a 2 kilómetros de su hogar, los dos hermanos se quedarían sin aprender. “Aunque Jorgito todavía es muy pequeño, aquí (en la escuela) lo recibimos con mucho cariño como a todos los demás”, comenta Noel, uno de los profesores del centro.

 

De las 8 de la mañana a las 2 de la tarde, su hermana recibe clases con Fabretto y Jorgito la espera pacientemente para que le cuente todo lo que aprendió. Jorgito se asoma desde la puerta del salón; a veces no se contiene la curiosidad y entra con cautela hasta el pupitre de su hermana.

Durante el día, el niño recorre el huerto del centro, hojea libros de cuentos en la biblioteca y juega en los columpios, mientras espera con ansias el almuerzo escolar que recibe junto a los demás. “La merienda que le dan a Jorgito y Juanita es una gran ayuda, porque a veces no tenemos dinero para darles de comer. Por eso, aunque Jorgito no estudia en la escuela, él también va todos los días,” explica Doña Gladys.

 

A pesar de las limitaciones, Jorgito no ha perdido la esperanza de un día ocupar un sitio en el salón de clases. Como él, muchos niños en edad preescolar en la comunidad de El Macuelizo no tienen una escuela donde estudiar. Por ahora, la escuela primaria de Fabretto se ha convertido en su segundo hogar y el lugar donde puede echar sus sueños a volar.

Esta Navidad, haz un donativo para apoyar el futuro de niños como Jorgito y Juanita. Tú tienes el poder de regalar un poco de esperanza a través de educación.

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