21-4-26 | Nuestros Programas Recaudación de fondos

En una escuela de educación primaria, un huerto puede cambiar el ritmo de un día normal y corriente. Los niños riegan los semilleros por la mañana. Una maestra convierte el huerto en una clase de ciencias. Los cocineros de la escuela añaden verduras recién cosechadas a la comida escolar. En este espacio compartido, el aprendizaje, la nutrición y la comunidad comienzan a crecer juntos.
No solo las semillas germinan en la tierra, sino que también un cambio más profundo comienza a echar raíces: curiosidad, confianza en uno mismo, responsabilidad y conexión.
El crecimiento empieza en el patio de una escuela
Un huerto escolar puede ser un lugar donde los niños aprenden con la práctica, donde los alimentos frescos se convierten en parte de una comida, y donde maestros y familias aúnan esfuerzos alrededor de algo útil y lleno de esperanza. En las comunidades rurales donde la seguridad alimentaria sigue siendo un motivo de preocupación, el huerto escolar es realmente importante.
En todo el mundo, el hambre y la inseguridad alimentaria continúan afectando a millones de personas. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por sus siglas en inglés, Food and Agriculture Organization) informa que 733 millones de personas pasaron hambre en 2023. Este mismo año, en América Latina y el Caribe, 41 millones de personas pasaron hambre. Pero el hambre es solo una parte del cuadro global.
La pobreza alimentaria, la falta de un acceso continuado a una dieta variada y nutritiva, da forma a las condiciones en las que crecen millones de niños. Según un informe de UNICEF de 2024, 1 de cada 4 niños menores de 5 años en el mundo experimentan una pobreza alimentaria extrema, lo que les hace ser más vulnerables a la desnutrición y a sus efectos a largo plazo en el aprendizaje y el desarrollo. En América Latina y el Caribe, este problema es real y les toca muy de cerca.
Estas cifras son elevadas, pero la respuesta que reciben no siempre tiene que ser a gran escala. A veces, comienza en el patio de una escuela, con un huerto que ayuda a nutrir a los niños mientras que a la vez mejora el aprendizaje y fortalece la vida de la comunidad.

Con décadas de experiencia
Para Fabretto, esto no es nada nuevo. Durante más de 20 años, Fabretto ha plantado huertos escolares trabajando en equipo con estudiantes nicaragüenses y sus comunidades.
Solo en 2021, Fabretto dieron apoyo a 383 huertos de familias y escuelas, los cuales proporcionaron alimentos frescos, aprendizaje práctico y un incremento del salario familiar a miles de miembros de la comunidad.
Este nuevo proyecto se nutre de décadas de experiencia en Nicaragua, donde los huertos escolares se convirtieron en parte de un enfoque más amplio, y cimentado en la comunidad, sobre la nutrición, la educación y el compromiso familiar. Ahora estamos usando esta experiencia para diseñar un nuevo capítulo en Honduras a través de nuestra iniciativa: Plantando las semillas del aprendizaje, la nutrición y la comunidad.
Cultivo de cebollas en un huerto escolar en Cusmapa, en Nicaragua.
Por qué Honduras y por qué ahora
Gracias a Plantar las semillas, estamos trabajando para establecer huertos en cinco escuelas de educación primaria de zonas rurales, lo que nos permite llegar a más de 400 niños. Estos huertos están diseñados para convertirse en “aulas vivas” donde los maestros y los líderes juveniles imparten clases prácticas, donde los alimentos frescos contribuyen a las comidas escolares y donde las comunidades escolares construyen algo relevante juntos.
Honduras tiene un gran potencial agrícola. Suelo fértil y diversidad de climas hacen que sea posible cultivar una gran variedad de cultivos y, con la ayuda adecuada, ese potencial puede beneficiar a los niños y las comunidades que más lo necesitan. Sabemos que cuando los huertos se nutren de la participación local, la educación práctica y un continuo apoyo, se pueden convertir en algo realmente importante para la comunidad.
En el corazón de esta iniciativa hay una visión a largo plazo. Un huerto puede que comience con semillas, herramientas y formación, pero con el tiempo puede ayudar a crear las condiciones necesarias para que niños y familias puedan tener éxito, tanto en la escuela como fuera de ella.
Las semillas del aprendizaje

En la Honduras rural, muchos niños van a la escuela listos para aprender, pero el hambre, los escasos recursos y otras dificultades diarias hacen que no les sea fácil poder participar plena y activamente en clase. Esto es una parte de lo que hace que los huertos escolares sean tan relevantes en las escuelas primarias.
Un huerto escolar puede ser también un laboratorio de aprendizaje vivo, dando a los niños algo auténtico de lo que aprender y cuidar. Hace que las lecciones de ciencia, sobre el tiempo, el agua y el medioambiente se conviertan en algo que pueden ver con sus propios ojos. Cuando se conecta lo que se aprende en clase con la tierra, los alimentos y las experiencias diarias que les rodean, la educación resulta más relevante y vital.
Esto es especialmente importante en las escuelas primarias, donde los niños están desarrollando sus costumbres y hábitos, la confianza en sí mismos, así como su relación con el aprendizaje. Es una manera práctica de fomentar el aprendizaje que no sólo es relevante en el momento presente, sino que también se mantiene en el tiempo.
Las semillas de la nutrición
Los huertos son muy importantes ya que la nutrición y el aprendizaje están enormemente conectados.
El estudio que la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura ha hecho sobre alimentación y nutrición resalta la importancia de ayudar a que los niños tengan acceso a alimentos adecuados, nutritivos, variados y seguros en los centros escolares, a la vez que se crean hábitos alimenticios saludables que se extienden a familias y comunidades. Cuando los niños tienen un mejor acceso a alimentos nutritivos y a un mayor conocimiento sobre alimentación, las escuelas se convierten en lugares de apoyo tanto para el crecimiento como para el aprendizaje.
Un huerto escolar no soluciona la inseguridad alimentaria por sí solo, pero puede ser una parte significativa de una respuesta más amplia. Los huertos traen fruta y verdura fresca a las comidas escolares. Esto ayuda a los niños a estar más familiarizados con los alimentos nutritivos, y crea oportunidades para hablar de dónde vienen los alimentos y por qué esto es importante.
Los huertos escolares funcionan mejor cuando forman parte de un estilo de vida con una alimentación saludable y cuando el aprendizaje va unido a una aplicación práctica real. Esta conexión es la clave. La comida no es solo algo que los niños reciben. También puede ser algo que comprenden mejor cuando participan activamente en su producción, y que aprenden a valorar de una manera nueva.
En este sentido, un huerto escolar fomenta la nutrición de dos maneras igualmente importantes: proporcionando alimentos y ampliando conocimientos.

Las semillas de la comunidad
La experiencia de Fabretto demuestra que los huertos escolares son realmente relevantes cuando se convierten en parte de la comunidad escolar. Los maestros hacen que los huertos sean parte de la clase. Las familias lo cuidan, lo cultivan y lo conectan a las comidas y rutinas del hogar. Los niños ven que los adultos invierten en algo práctico y lleno de esperanza, y con el tiempo este huerto se convierte en algo más que un proyecto, se convierte en un espacio común de participación y ayuda.
El trabajo que Fabretto llevó a cabo en Nicaragua ayudó a que esto se vea de manera muy clara. Los huertos escolares eran más valiosos cuando estaban conectados no solo a los niños sino también a los padres, las comidas, los talleres y recibían un apoyo continuo. Las familias y comunidades escolares, juntos, participaban en el cuidado de los huertos, preparando comidas y fomentando conocimientos sobre alimentación. En algunos casos, esos conocimientos fueron más allá de la escuela y llegaron a formar parte de los huertos familiares.
Esto demuestra por qué la participación de la comunidad es tan importante. Cuando maestros, familias y estudiantes cuidan juntos de un huerto, es fácil que este se convierta en una parte integral de la vida diaria de la escuela y de que, con el pasar del tiempo, se vaya consolidando.
Padres sirviendo una comida escolar hecha con alimentos cultivados en el huerto de la escuela.
Cultivando algo que perdura
El huerto de una escuela primaria comienza con una pequeña parcela de tierra, un puñado de semillas y unas pocas herramientas sencillas y, con el paso del tiempo, se convierte en algo mucho más significativo.
Ayuda a los niños a aprender algo que siempre van a recordar. Favorece el acceso a alimentos frescos y nutritivos. Une a maestros, familias y estudiantes. Y nos hace recordar que los cambios relevantes, con frecuencia, empiezan en casa, con iniciativas prácticas arraigadas en la esperanza.
En Honduras, Fabretto está trabajando en equipo con cinco escuelas primarias en zonas rurales, lo que le permite llegar a más de 400 niños, para ayudar a crear lugares donde el aprendizaje, la nutrición y la comunidad puedan crecer juntos.
Tú puedes ayudar a plantar las semillas del aprendizaje, la nutrición y la comunidad para los niños de Honduras,
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